El estudiante de una escuela pública de la capital, sale de su casa ubicada en determinado lugar del conurbano bonaerense.
Casa humilde (no debe ser vergüenza de nadie, o en todo caso debería serlo de los gobernantes)
Deja su hogar, el que lamentablemente tiene falencias edilicias, rajaduras en las paredes, caída de revoque etc.
Los bajos ingresos salariales de la familia, no dan para esas reparaciones pero, sí para esa antena de Direc TV que asoma amurada a una medianera descascarada o ese cable de Internet que sobre la misma atraviesa una enorme mancha de humedad.
No podemos desacreditar a esta familia por hacer uso de estos servicios a los cuales todos deberíamos tener acceso pero, la seguridad de sus integrantes merecería primero la reparación de la vivienda.
Como decía, el joven sale temprano, cruza las calles por la mitad de la cuadra y con el semáforo sin dar paso peatonal, a veces directamente camina sobre la calzada sin importarle los autos que circulan.
Muchas mañanas espera el colectivo sobre el asfalto, impaciente porque este hace media hora que no pasa.
Una vez en el vehiculo, viaja apretujado como ganado. Sacudiéndose contra otros pasajeros al vaivén de las peligrosas piruetas que realiza el chofer.
Algunas veces esquivando baches otras, vehículos, cartoneros con carritos, peatones imprudentes y porque no, cruzando semáforos en rojo con el peligro de causar un accidente a terceros, incluyendo al pasaje donde viaja el estudiante de la escuela pública.
Todo por llegar a horario a la Terminal.
Sigamos los pasos de nuestro estudiante, antes que le ocurra un grave percance.
Luego de tremenda odisea, el joven llega al colegio, más que puntual, quince minutos antes de entrar al colegio.
Quince fatales minutos para los pobres vecinos que les tocó vivir cerca de esa escuela pública secundaria.
Sobre el frente de esas casas junto a unos diez compañeritos de colegio descarga sus últimos nervios antes de entrar a clase.
Puteadas y risotadas, escrituras con marcadores sobre los frentes, escupitajos, puchos y porque no porros quedan como regalo mañanero en veredas y frentes de esos pobres lindantes con la escuela pública.
El frente de la escuela había quedado bien pintadito a fines de febrero, hoy un te amo Lucas, en tono fucsia o un sos mi mejor amiga Lau, con marcador negro o un graffiti, por decir algo suave, esto multiplicado por cien, han dejado la fachada de la escuela pública un asco.
Este “ejemplo” de alumno, junto a otros ha decido tomar la escuela y no permitir que se de clase.
El argumento:
El gobierno de la ciudad no ha cumplido con las promesas de reparación de la escuela, es verdad.
El edificio tiene falencias edilicias y es un serio riesgo para la seguridad de los alumnos.
El “valiente” estudiante endurece su postura, es inflexible, junto a otros compañeros va por más.
Hace el bendito piquete que aprendió de sus mayores y corta calles de la ciudad.
Produce mayor inseguridad que si estuviera cursando en clase las materias que jamás va rendir como debiera.
Un embotellamiento en la ciudad, donde puede causar múltiples accidentes de transito con riesgo para conductores y transeúntes.
El gobierno de la ciudad tiene la culpa, el gobierno nacional también la tiene, también el estudiante y sus compañeros que en los meses de vacaciones ni se van a acordar de su colegio.
Todos somos culpables, porque formamos parte de esta sociedad decadente. Una decadencia peligrosa y progresista.




