T R O P I E Z O

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Recuerdo el día que la conocí. Ella caminaba despreocupada, yo andaba sin rumbo por una calle de Barracas, mi barrio. Tropezamos. Fue hace mucho tiempo.

Hoy su imagen y la mía distan mucho de ser aquellas frágiles figuritas de la adolescencia.

Esta mañana la he vuelto a ver, casi en el mismo sitio, pero treinta años después.

Nos cruzamos, tropezamos, nos disculpamos, no me reconoció, yo sí. Nunca voy a olvidar esos ojos, ¡ Cómo! Sí su mirada aun sigue alumbrando después de tantos años, un rinconcito de mi obscuro corazón.

Volvieron a mi mente los duendes que agitan los recuerdos.

Fueron dos meses de noviazgo, de pasión, de brindarnos sin concesiones. Un amor leal, puro. Todavía conservo entre mis manos la tibieza de su piel.

No pudo ser, algo no funcionó entre nosotros luego de esos dos meses.

Pero mi mente ha bloqueado ese algo. Solo se repite en mi interior lo que fueron sesenta días de amor.

Por un instante pense en darme vuelta, llamarla, pero me contuve.

¿ Qué le iba a decir? Tal vez sus recuerdos no son los mismos…

 

OTOÑO

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Por la ventana se filtran tenues rayos solares, los observo sentada desde la cama, en el dormitorio de la abuela.

Hace tres días ha comenzado el otoño. Mi mente se retrotrae un año.

Recuerdo, fue cuando mis padres tuvieron que ausentarse por un mes. Asuntos de trabajo de papá, mi madre lo acompañó, es su secretaria.

La  voz  de mamá sostenía dejos de tristeza cuando se marcharon. 

- Cuida  a  la  abuela  hija  y  cuídate tú.

La nana  hacia  tiempo  que  estaba  enferma, sufría de una avanzada demencia senil producida por el mal de Alzheimer  y permanecía postrada en cama.

Había  que  darle de  comer  en la boca y  cambiarle  los pañales, estaba acostumbrada, siempre lo hacíamos con mamá.

Nunca quiso que la cuidara una  enfermera, era  su madre y sentía que era su deber atenderla.

No podía  fallarle a mamá. Además, yo amaba a la abuela.

A veces hablaba  por teléfono con  amigas, pero hasta que no regresaran  mis  padres no podía salir de casa. 

Cinco días después de la partida estaba sentada descansando mientras observaba  a  la abuela  inmóvil, casi  inerte sobre su lecho de enferma pero, con los ojos bien abiertos y su mirada perdida.

Era un día tranquilo, porque en los anteriores por momentos la nana a veces balbucía otras gritaba e insultaba y eso me ponía muy mal.

Pero no debía ni podía deprimirme, todo era producto de su terrible enfermedad.

El cuarto era alumbrado por la claridad del día, que la ventana absorbía  con avidez, al lado de ésta  yacía el pequeño ropero con algunos objetos de la abuela. Recordé entonces el álbum de fotos, uno de sus tesoros. Su  rostro se iluminaba cuando antes de esta maldita enfermedad las dos mirábamos esas grises y  opacas imágenes.  

Tomé  el  álbum y me senté a su  lado, sobre  la  cama.   

Comencé a hojearlo. Sentí que la abuela  tomaba  mi  mano, no  podía ser, la  miré,  no  lo  podía  creer, estaba sonriendo mientras preguntaba.

 - ¿Recuerdas…?

Fue maravilloso verla bien. Nos abrazamos, besé su marchito rostro, lloramos  juntas,  recordamos esos  años felices  mientras  mirábamos esas gastadas y añejas fotografías.

Tomamos té, no medí el tiempo que disfruté con ella, pero fue maravilloso, hasta que ya cansada me dormí sobre su regazo. 

No hubo otra vez, al día siguiente todo volvió  a  ser igual. Nada les dije a mis  padres, jamás  lo hubieran creído,  Hasta  hace tres días, durante todo este tiempo me he sentado  a su lado con el álbum sobre mi falda, durante varias horas.

Esperé inútilmente el regreso de la abuela pero, el milagro ya se había producido.

Hace tres días murió la nana.  Hace tres días comenzó el  otoño.  

      

                                                      

UNA MIRADA

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Una mirada puede ser una oración

 

un mensaje que intentas descifrar

 

un estilete que azuza al corazón

 

esa materia de fe que debes aprobar.

 

Una mirada puede ser un poema

 

colmado de amor y de poesía

 

o tal vez contenga una gran pena

 

que conmueva a tu alma en este día.

 

Una mirada puede ser tu mirada

 

reflejada en el espejo de la vida

 

sí ahondas su interior y no hallas nada

 

no has abierto los ojos todavía.